Dos fichajes cerrados antes de que julio asomara siquiera, Aleix Febas y Javi Galán, abren el mercado del Celta de Vigo para la temporada 2026/27. Es el estreno de un verano en el que el club que preside Marián Mouriño quiere sostener en Balaídos ese proyecto europeo que Claudio Giráldez le devolvió a la afición celeste.
Febas fue el primero en aterrizar, presentado de forma oficial el 1 de junio. Centrocampista de 30 años, llegó libre después de rechazar la renovación que le ponía sobre la mesa el Elche y firmó hasta junio de 2029. Se formó en la cantera del Real Madrid y se curtió en Zaragoza, Mallorca y Málaga antes de explotar con Eder Sarabia; el manchego se ganó el interés gallego en una campaña que lo confirmó como uno de los medios más fiables de la categoría, y llegar con la carta de libertad permite ensanchar una medular corta de efectivos sin gastar un euro en traspaso.
Tuvo que llegar el 30 de junio para que se resolviera el segundo movimiento: el retorno de Javi Galán, el lateral izquierdo que vuelve tres años después de marcharse al Atlético de Madrid. Rubrica contrato hasta 2028 para tapar un flanco que llevaba tiempo reclamando un especialista de garantías. Y no es un desconocido en Vigo, donde ya brilló entre 2021 y 2023, así que readaptarse al vestuario y a la idea de Giráldez debería ser cuestión de días más que de meses.
Si algo ordena las dos operaciones es la continuidad, ya que Iago Aspas aplazó su retirada y renovó hasta 2029, con la idea de colgar las botas al término de esta campaña y seguir después ligado a la estructura del club, mientras Giráldez ataba su banquillo hasta 2028. La casa, en apariencia, ha decidido apostar por la estabilidad antes que por la revolución.
Futbolistas hechos y con galones por delante de apuestas jóvenes de reventa: el perfil de los dos primeros refuerzos llama la atención. Suena a declaración de intenciones, la de un Celta que, tras meterse otra vez en la Europa League, prefiere blindar el vestuario con veteranía contrastada antes que arriesgar en promesas sin rodaje en la élite. Encajan, además, en ese fútbol asociativo y de posesión que exige el técnico, porque ambos dan salida limpia desde atrás y sostienen el balón en campo rival cuando el partido pide pausa.
Ese equilibrio entre oficio y ambición continental es, precisamente, lo que sopesan los análisis que anticipan cada temporada mucho antes de que ruede el balón, y en esa misma clave cualquier blog de apuestas deportivas especializado en pronósticos vuelve a colocar al Celta en la pelea por Europa. Una lectura levantada sobre datos verificables y sobre el rendimiento sostenido de una plantilla que apenas se ha desprendido de sus pilares. La estimación, más allá del ruido propio del mercado, respalda la sensación de que el proyecto celeste no piensa dar pasos atrás.
Cerrado, lo que se dice cerrado, el mercado no lo está ni mucho menos, porque la venta de Ilaix Moriba sigue encima de la mesa, con el Galatasaray rondando una operación cercana a los 20 millones que reclama el club, una salida que abriría un boquete evidente en el centro del campo.
Tampoco está despejado el futuro de Borja Iglesias, máximo goleador el curso pasado con 18 tantos y ahora en el escaparate tras su papel con España en el Mundial. Ni el de Óscar Mingueza, cuya posible marcha libre ha despertado el apetito de clubes de mayor cartel. Y a ese baile de nombres hay que sumarle la incógnita de la renovación de otros veteranos, un frente que el club aún no ha terminado de ordenar y que condiciona cada movimiento en el mercado de entradas.
La asignatura pendiente, la que Giráldez lleva más de un año reclamando, sigue siendo un mediapunta que ponga el último pase, ese futbolista de talento que rompa líneas y libere a Aspas de bajar a buscar el balón. Si Ilaix termina haciendo las maletas, el nombre de André Almeida gana enteros para reordenar una medular que, a mitad de julio, todavía muestra huecos en la plantilla del Celta pese a los dos primeros retoques. A estas alturas del verano, el puzle aún tiene piezas sueltas y una banda diestra por definir.
Con Febas y Galán dentro, el esqueleto del equipo gana solidez y experiencia, aunque la sensación es que lo más determinante está por decidirse. El proyecto celeste se sostiene sobre la continuidad de un cuerpo técnico que sabe lo que quiere y sobre la certeza de que Aspas, a sus años, seguirá siendo el faro de un vestuario que apenas ha cambiado de cara; pero un solo golpe de mercado, ya sea una venta de peso o el ansiado mediapunta, puede cambiarle el tono a todo el verano.
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